El explorador Marco Polo lo describió en el siglo XIII como “el sonido de todo tipo de instrumentos musicales, y también de tambores y del choque de las espadas”.
La superficie de las dunas actúan como un gigantesco altoparlante que amplifican el sonido. Las ondas de sonido se producen por el choque de los granos de arena, a un ritmo de 100 impactos por segundo. Esto produce un efecto de retroalimentación en el que las ondas sonoras se sincronizan con las colisiones, generando un tono grave y profundo que puede escucharse a grandes distancias.
Es un misterio, pues hasta el día de hoy se conoce poco del porque del canto de algunas dunas, pero se desconoce el porque del silencio de otras.

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